Crónica de un indignante trato en la Delegación de Hacienda de Salamanca

Vamos a desgranar la indignante situación por pasos.

  • Sabiendo que no es posible acceder por la puerta principal y que, hasta la última vez que fui, había que avisar a uno de los guardias de seguridad para que abrieran la puerta trasera, hice lo que en otras ocasiones. Se me informó que habían instalado un timbre en esa entrada situada en la calle Brocense. Cuando llego allí me encuentro con la agradable sorpresa de que han eliminado el escalón de entrada. Y ahí terminó la alegría.
  • Llamo y abren la puerta. Hasta ahora siempre había una persona que te ayudaba a guiarte hasta llegar al vestíbulo principal. Ya no. Apáñatelas como puedas. Sin señalización alguna intuyes que debes coger un ascensor en el que la silla entra rozando por ambos lados debido a su estrechez. Intuyes también que debes subir una planta porque no hay cartel que lo indique.
  • Llegas a planta principal y sales hacia atrás después de múltiples intentos dando golpes a un lado y a otro. Y cuando lo consigues te encuentras detrás una doble puerta de cristal que te impide maniobrar. No queda más remedio que abrirla con la silla rogando que no se rompa.
  • Por fin llegas al vestíbulo donde se encuentra información. Un empleado muy amable te dice que tu mostrador no está en esa planta sino en la primera. Llama a otro compañero también muy amable para que te acompañe.
  • Vuelves al ascensor de antes y, como has cogido práctica, metes la silla con menos golpes. Pero el acompañante no entra y dice que te espera arriba.
  • Al llegar a la primera planta la silla no sale del ascensor. Chocas con una pared y ni quitando los reposapiés puedes maniobrar. Encajado en el ascensor, tu acompañante llama a la empleada que tiene que atenderte. Muy amable viene, te pide el carné, apunta unos datos y te dice que bajes al sótano pendiente del móvil, por si necesita algo más.
  • Vuelta para abajo acompañado del amable empleado. Ahora la silla sale de pena porque tras múltiples intentos en la primera planta las ruedas delanteras se han descentrado. Menos mal que uno ya tiene el carne hace unos años. Unos minutos de espera y suena el móvil. Es la empleada que creía que le faltaba un dato. Falsa alarma.
  • Al poco baja la empleada con los papeles para firmar. No hay mesa ni mostrador y toca hacerlo sobre mi bolso.
  • Se despiden los dos muy amablemente y salgo rojo de indignación y vergüenza por la puerta preguntando a quien tengo que dirigir esta queja/denuncia hecha crónica.
  • Esto ha sucedido a 14 de octubre de 2015, 11,30 de la mañana.

AcuseDeRecibo (1)

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