Accesibilidad universal en el espacio público

Accesibilidad universal en el espacio público

MARÍA ROSA MOYA 18.09.2015 | 05:10

Accesibilidad universal en el espacio público

Accesibilidad universal en el espacio público

Una persona con movilidad reducida puede verse acorralada hasta el punto de no poder entrar en su propia casa porque ha cometido el error de ir a comprar el pan.

El espacio público está diseñado y utilizado de forma discriminatoria que, en algunas ocasiones, lleva pareja la situación de exclusión social. Cuando éste no cumple las características propias de la accesibilidad universal deja fuera de su uso y disfrute, en igualdad de condiciones, al colectivo de personas en situación de movilidad reducida (PMR).

Algo tan aparentemente simple como es una barrera arquitectónica puede discriminar a una persona al reducir considerablemente sus posibilidades de acceso a la Educación, en igualdad de condiciones, desde el jardín de infancia hasta la universidad. Incluso, a veces, se presenta una situación de marginalidad legal tan grande que provoca que el niño/a tenga derecho (no siempre cumplido) a que se hagan algunas reformas arquitectónicas en su centro educativo. Pero este derecho, a efectos legislativos españoles, no incluye a los padres, por lo que el niño/a se verá obligado a asistir al colegio que sea accesible para sus padres, salvo que éstos renuncien al derecho/obligación de asistir a reuniones de padres o a fiestas escolares. En cuanto a las otras barreras, las de tipo intelectual, se suplen con adaptaciones curriculares y del material didáctico, así como con la dotación de los recursos humanos necesarios al centro educativo.

El acceso a la Sanidad tampoco es igual para todos y depende, en gran medida, de la movilidad del paciente. Un ejemplo sencillo: un recurso tan público e imprescindible como es una ambulancia no transporta la silla de ruedas del propio paciente, cuando ésta debe ser considerada como sus piernas. Todo ello, por no hablar de las veces en las que no se puede acceder a la consulta de un médico o al baño de un hospital.

Los medios de transporte público, cuya existencia está contemplada por la ley, muchas veces no pueden ser utilizados por las personas con movilidad reducida. Así ocurre con muchos trenes de cercanías y gran parte de los autocares que unen nuestras principales ciudades. Pero, ¿para qué quiere los transportes públicos alguien que está etiquetado socialmente para que viva encerrado en su casa, pidiendo por caridad que la saquen a pasear? ¿Nos hemos olvidado de recoger en nuestras leyes el derecho a una vida autónoma e independiente? ¿Nos hemos olvidado de reconocer que el individuo decide sobre su propia vida y que no deben ser los demás quienes deciden a dónde y cuándo tiene que ir? No olvidemos que el derecho a decidir se manifiesta, de una manera muy especial, a la hora de depositar nuestro voto libre y secreto en las urnas. Sin embargo, nunca he oído hablar de una localidad en la que todas las mesas y cabinas electorales sean accesibles

Podríamos seguir narrando, horas y horas, situaciones en las que las personas se ven marginadas por unas circunstancias que les vienen dadas, una marginación que sólo es una muestra de la discafobia y gerontofobia que hay a nuestro alrededor

Las aceras y las entradas a dependencias oficiales son, de por sí, el espacio público que más margina y que, posiblemente, pasa más desapercibido. Cuando una persona no puede pasar por una acera es posible que se le esté restringiendo su derecho a ir a trabajar, a un centro sanitario, a una asociación, a un lugar donde hay una participación activa en la política o a pasar por allí simplemente porque le da la gana. Es por ello que los ayuntamientos han de velar para que se cumplan los requisitos que garanticen la posibilidad de uso de todos los lugares públicos por todos los ciudadanos y se fomente la máxima autonomía personal.

¿Espacio público o privado?

Examinemos una situación que se repite, sobre todo en verano, cuando el espacio público se convierte en un espacio privado después de que los ayuntamientos lo cedan a negocios particulares.

Nuestras aceras están invadidas por pizarras publicitarias que limitan la anchura de la acera, dificultan o cierran el paso de usuarios de muletas, andadores, sillas de ruedas y coches de bebé, además de impedir a las personas con problemas de visión orientarse golpeando con el bastón en la pared. Y no hablemos de las mesas y sillas que ocupan calles y aceras como si de su propiedad se tratase y cortan el paso a los ciudadanos.

Abramos los ojos y cuando veamos a alguien que obliga a los demás a levantarse para mover la silla y la mesa, y así poder pasar, sepamos que esa persona está haciendo uso de su lícito derecho a utilizar la acera cuantas veces lo estime oportuno.

Esta situación se multiplica de una manera vergonzosa cuando llegan las fiestas. Una persona con movilidad reducida puede verse acorralada hasta el punto de no poder entrar en su propia casa porque ha cometido el error de ir a comprar pan mientras colocaban sillas para que el resto de los ciudadanos disfrute de una cabalgata, un desfile en primera fila o, simplemente, porque alguien ha instalado un puesto ambulante justo encima de la rampa y justifica la invasión con un permiso municipal.

En España tenemos grandes activistas en el tema de la supresión de todo tipo de barreras, como es el caso de Andoni Moreno, en el País Vasco, y de Juan Romero, en Andalucía. Personas que no permiten que se les tache de mendigos que imploran una rampa o un baño adaptado; personas que exigen a las administraciones públicas que se cumplan los derechos y que no piden más que un derecho, el de la igualdad de todos los seres humanos. Ya han comenzando a mantener un fuerte pulso con las administraciones públicas para hacer cumplir la legislación y conseguir que el 4 de diciembre de 2017 podamos hacer un gran funeral con las barreras arquitectónicas.

Recordad, cuando ponéis una mesa en la calle para favorecer vuestro negocio podéis estar cometiendo un acto de discafobia y/o gerontofobia.

Publicado originalmente en el diario Información y reproducido con permiso de su autora

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¿Ocio inclusivo en Salamanca?

Llevaba tiempo con ganas de escribir algo sobre ésto pero estas fiestas patronales de la ciudad lo han precipitado.

Siento desde hace mucho tiempo que mi mundo se va haciendo cada vez más pequeño. Actividades culturales a las que antes solía acudir como exposiciones, conciertos u otras se han visto vedadas desde que mi vida se desarrolla en una silla de ruedas. Pasan meses hasta que consigo ver a algún grupo musical que me interesa simplemente por el hecho de que sus conciertos se desarrollan en lugares inaccesibles y circunstancialmente dan alguno al aire libre y en algún lugar en el que la masiva asistencia no impide entrar con la silla. Es verdad que muchos de estos actos se desarrollan en locales de entidades privadas y ya sabemos como anda la accesibilidad de estos espacios a día de hoy. ¿O alguien de Cajaduero o como quiera que se llame ahora se ha preocupado de hacer accesible la sala de exposiciones de Garcigrande, por ejemplo? Con lo cual, exposiciones como Salamanca a principios de siglo son de imposible disfrute.

Pero lo que clama al cielo es todo aquello que organiza nuestro Ayuntamiento. Voy a poner algún ejemplo.

  • Feria de día. ¿Han probado a acercarse a cualquier barra de cualquier caseta en una silla de ruedas? ¿Nadie se ha preocupado de habilitar algún espacio de altura más reducida para facilitar su acceso? ¿Y los servicios? ¿Tanto costaba colocar servicios portátiles accesibles? ¿O se han dado cuenta de que hay espacios a los que físicamente es imposible acercarse por los escalones que nadie se ha preocupado de eliminar con rampas?.servicios
  • Espectáculos y conciertos en la Plaza Mayor. Simplemente una imagen y un comentario. ¿Serían capaces de meter su silla allí dentro? Y si lo son, ¿qué verían? ¿Cómo se sentirían? ¿Disfrutarían de la experiencia de no ver más que el culo de los que tienen alrededor y de sentirse encerrados al no poder salir si es que han conseguido entrar? ¿A nadie se le ha ocurrido reservar en estos grandes eventos un espacio de fácil acceso y visión para las PMR? En muchos otros lugares se hace.
Concierto de Abraham Mateo en la Plaza Mayor. Fotografía de www.salamancartvaldía.es

Concierto de Abraham Mateo en la Plaza Mayor. Fotografía de http://www.salamancartvaldía.es

  • Inclusión a precio de oro. Eso sí: si tienes dinero. Ahí  no hay problema porque los espectáculos de pago sí son accesibles. El Teatro Liceo y el CAEM son accesibles y disponen de espacios reservados para PMR. En el primero, un palco y en el segundo, espacios en el patio de butacas. Pero si quiero adquirir entradas más baratas, por ejemplo de anfiteatro, no me es posible por lo que el hecho de acceder a estos lugares en silla de ruedas se convierte en un lujo que hay que pagar. Por ejemplo, de poder pagar 58 euros por dos entradas en el anfiteatro, ir en silla me obliga a pagar 70. Eso explica la escasa asistencia de PMR a estos eventos no sólo en la fiestas sino durante todo el año.
  • Otros eventos. Feria del libro en el interior de los soportales da la Plaza Mayor. Una odisea. Ferias de artesanía, barro, etc,,, en la Plaza de los Bandos con puestos inaccesibles porque el ayuntamiento no elimina los escalones de la plaza con rampas como sí han hecho los propios expositores en algunas ocasiones.

No sigo porque es suficiente para ilustrar lo que quiero decir. Y que quede claro que sólo me he referido a la accesibilidad física porque de la sensorial y la cognitiva ni siquiera se tienen noticias.  No somos ciudadanos de segunda ni queremos privilegios de ninguna clase. Pero sí las condiciones que nos permitan ejercer nuestro derecho a acceder al ocio y a la cultura en igualdad de condiciones que el resto de la población.

Espero que esas buenas intenciones que se plasmaron en la moción aprobada el pasado julio por todos los grupos políticos del ayuntamiento reflejen de manera práctica estas quejas/sugerencias. Llámenlas como quieran.

Mariposas rodantes

No sé el porqué, pero este verano he contemplado una invasión de sillas de ruedas en nuestra ciudad. No sé si mayor que la de otros veranos pero sí más visible.

Cierto es, y yo no voy a negarlo porque lo sufro en primera persona, que el calor, el sol, la luz,… son alicientes más que justificados para que los usuarios de sillas de ruedas, sea por la razón que sea, nos sintamos inclinados a disfrutar de la calle y hacernos de esta manera, más visibles.

Parques, terrazas y bancos han sido acaparados por estas mariposas rodantes que han salido de su estado de pupa, ese que después de un periodo de relativa inactividad convierte a una larva en imago. Da gusto ver las calles y parques ocupadas por estas mariposas y sus acompañantes, compartiendo el espacio público con el resto de ciudadanos. Cierto es que algunas de estas mariposas,menos afortunadas que otras, simplemente son aparcadas en alguna esquina y desde allí simplemente contemplan como la vida se desarrolla delante de ellos.

Pero la temperatura ha descendido estos días y de la misma manera que en la naturaleza las mariposas ponen sus huevos y desaparecen, las personas que utilizan la silla de ruedas para desarrollar las actividades de la vida diaria desaparecen en gran medida de nuestra vista. Se ocultan sencillamente. Otra vez el frío y el agua hacen que se recluyan en sus casas y vuelvan a su estado de pupa al que nos referíamos antes.

¿Qué nos hace diferentes del resto de personas? Porque la generalidad de la población, cambiando sus hábitos de vestimenta o sus medios para desplazarse, siguen ocupando durante los meses de frío el espacio público. Se desplazan por él y siguen haciendo su vida social en cafeterías, restaurantes, comercios, cines y teatros,… Salvo muy raras excepciones. ninguno de ellos entra en ese estado de pupa.

A estas alturas todo el mundo ha dado con la respuesta. El entorno en el que se desarrolla nuestra vida social cambia del exterior del espacio público al interior. Y ese paso, en la mayoría de los casos está separado por un escalón o por varios que hacen insalvable el acceso de esas mariposas rodantes a esos espacios. No es una elección. Simplemente es discriminación. Uno o varios escalones son una una no invitación a participar de lo que dentro sucede. Una forma de excluir a una parte importante de la población y negarle sus derechos.

Siluetas de personas en sillas de ruedas realizando diversas actividades

Siluetas de personas en sillas de ruedas realizando diversas actividades

Postdata: mi recuerdo para ti, joven y sonriente mariposa que nos dejaste tan pronto este verano. Un beso fuerte y sigue aleteando allá donde estés.